La escuela: primer eslabón del sistema educativo

Por: Pablo Velázquez (@PGVelazquez)

Demandamos esfuerzos extraordinarios de nuestros docentes, directivos y alumnos. Queremos que nuestros estudiantes sobresalgan y alcancen los mejores resultados, pero los dotamos de pocos o, muchas veces, nulos recursos. Exigimos que nuestros maestros den lo mejor de sí y que garanticen el máximo logro de aprendizaje de sus alumnos, pero fallamos en dotarlos de lo más elemental. Poner la escuela al centro del sistema educativo significa ir más allá de ensalzarla en discursos políticos o inventarla cada sexenio. Es en el interior del aula donde un país se diseña.

Hablamos mucho de las escuelas pero poco sabemos lo que pasa en ellas. ¿Cuánto dinero pueden ejercer las escuelas? La mayoría, cero pesos. ¿Cuántos directores tienen autonomía sobre cómo se usa el presupuesto escolar? Pocos. ¿Cuántos requisitos administrativos solicitamos de las escuelas? Muchos. ¿Cuánto pueden las familias conocer acerca de los recursos que manejan sus escuelas? No mucho. Esta realidad nos permitiría concluir que en México las escuelas no son vistas como el primer eslabón de nuestro sistema educativo, sino el último.

Ahora, extendámonos un poco más en cada una de estas preguntas:
¿Cuánto dinero pueden ejercer las escuelas?

Muy pocas escuelas pueden ejercer el presupuesto federal asignado a ellas y las pocas que potencialmente pueden ejercerlo no lo saben. En 2015 existieron 4 programas federales que daban la posibilidad a las escuelas de ejercer recurso bajo el rubro de “Autonomía de Gestión”: Programa de la Reforma Educativa (PRE), Programa Escuelas de Calidad (PEC), Programa Escuelas de Tiempo Completo (PETC) y el Programa Escuela Segura (PES). El presupuesto asignado a estos Programas sumó un total de 22.6 mil millones de pesos, el cual es repartido en 118,699 centros escolares, que representa 66% de las escuelas públicas de educación básica del país. Es decir, uno de cada tres escuelas NO reciben recursos de la federación por medio de estos programas.

Cada Programa tiene un porcentaje asignado para gasto de oficinas centrales, por lo que sólo 21.4 mil millones de pesos están disponibles para gasto escolar. De este monto, cada Programa tiene un porcentaje máximo para destinar a actividades de Autonomía de Gestión y Formación –rubros donde la escuela puede ejercer el recurso directamente-, por lo que en 2015 la bolsa para estas actividades pudo alcanzar un total de 8.3 mil millones de pesos, lo que representa un 37% del total de recurso de estos Programas.[1] En promedio, una escuela beneficiada de estos programas puede ejercer un presupuesto de $70,149 pesos al año.

Sin embargo, a pesar de que las escuelas podrían decidir en qué invertir estos recursos, los mecanismos para ejercer el dinero complican que así sea. Quienes realmente ejercen el gasto de estos programas son las Autoridades Educativas Locales (AEL), y son responsables de comprobar el destino del mismo. En el mejor de los casos, las AEL consultan a las escuelas para identificar las necesidades de las mismas y las escuelas deben de entregar el plan de mejora en el que señalan en que ejecutarán el recurso. En el peor de los casos, las AEL ejecutan el gasto en actividades y materiales innecesarios y la escuela ratifica dicho gasto sin tener voz.[2] Es un error que se repite año con año y provoca que el recurso que llega a las escuelas sea mínimo, tardío e inadecuado. Si deseamos que las escuelas tengan autonomía, deleguemos decisiones y confiemos que las personas que interactúan en la escuela son las más adecuadas para tomar decisiones que mejoren su entorno.
¿Cuántos directores tienen autonomía para ejercer el presupuesto escolar?

De acuerdo a la Encuesta Internacional sobre la Enseñanza y el Aprendizaje (TALIS, por sus siglas en inglés) aplicada en 2013 por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), sólo 28% de los directivos en México manifestaron tener autonomía para utilizar el presupuesto escolar, el promedio más bajo entre los 29 países encuestados y muy por debajo del promedio de la OCDE (70%).[3] Este promedio es aún más bajo a la hora de establecer salarios o aumentos económicos, pues sólo 8% de los directores en México expresaron tener poder de decisión en este aspecto. Considerando que 93% del gasto educativo en México se destina a salarios y compensaciones[4], los directores de una escuela pública en México tienen -potencialmente- decisión sobre menos de 7% del presupuesto que se ejerce en el plantel escolar, puesto que un porcentaje es gastado en becas y materiales educativos sobre los que el director no tiene injerencia directa.

Por supuesto, brindarle autonomía a la escuela no significa que recaigan todas las decisiones en el directivo en turno. Es indispensable que dicho liderazgo se ejerza de manera democrática con el Consejo Escolar de Participación Social (CEPS) y los Consejos Técnicos Escolares (CTE). Sin embargo, en México ni los directivos ni estos cuerpos de apoyo escolar logran tener un peso importante sobre el ejercicio de este recurso. A la hora de tomar decisiones, ya sea de formación, materiales o infraestructura, la mayoría de las ocasiones estas recaen en funcionarios públicos lejanos al centro escolar y que poco o nada tienen que ver con su dinámica diaria.
¿Cuántos requisitos administrativos solicitamos a las escuelas?[5]

Poner a la escuela al centro significa pensar que cada formato, reporte e informe solicitado por parte de las AEL debe apoyar la labor pedagógica de las escuelas, no restarles tiempo para la tarea fundamental de aprendizaje a la que deben dedicarse. Sin embargo, la experiencia nos muestra que pedimos mucho de las escuelas y damos poco.

Aunque los informes y reportes varían de estado a estado –o incluso, de supervisión a supervisión-, al inicio del ciclo escolar se puede llegar a solicitar: planeación anual, dosificación de contenidos, cronograma de actividades, planeación de actividades relacionadas con cada materia, estadísticas iniciales del formato 911, entre lo que se acumule. Durante el ciclo escolar, los directores o supervisores pueden solicitar a docentes informes de planeación didáctica semanal, incidencias de estudiantes, reportes conductuales, formato de seguimiento a estudiantes en condición de discapacidad, formato de visitas al aula por los padres de familia, formatos de seguimiento a los acuerdos del CTE, formatos de seguimiento a los acuerdos del CEPS, reportes bimestrales de evaluación. Al finalizar el ciclo escolar, se les solicita planeaciones semanales y anuales, informe de incidencias de maestros y estudiantes, índice de reprobación por grupo, porcentajes de asistencia, informes de tutorías, informes financieros, informes de evidencias, formatos de no adeudo económico, formato de entrega de material escolar, informe de uso de espacios escolares, estadísticas finales del formato 911.

Si un padre de familia o tutor solicita información académica sobre su hijo o hija, se debe llenar el formato de visitas de padres de familias al aula. Si el grupo de 1ºB de primaria utiliza la cancha deportiva, se tiene que llenar el informe de uso de espacios escolares. A esta pila de formatos e informes podemos sumar reportes específicos de programas federales: si la escuela está en el padrón del Programa Nacional de Lectura, se solicitan reportes de actividades específicas para el desarrollo de la escritura y la lectura. En este listado observamos un sinfín de reportes solicitados, sin que esta información redunde en retroalimentación a docentes o directivos.

No argumentamos que los reportes o informes deben desaparecer, sino que deben existir para apoyar la práctica docente. Si se solicita información sobre ingreso, calificaciones y condición de discapacidad de estudiantes, debemos apoyar a las escuelas para que dichos números apoyen el aprendizaje de los y las estudiantes. En Reino Unido, la Oficina para Estándares en Educación, Habilidades y Servicios para los Niños (OFSTED, por sus siglas en inglés) genera reportes anuales del progreso de estudiantes. En dichos reportes, se señala cuál es el avance esperado de cada uno de los estudiantes y se encienden alarmas si dicho estudiante no progresa en el aprendizaje al ritmo esperado.

TALIS nos señala que 9 de cada 10 directores en México dicen dedicarse frecuentemente a tareas burocráticas, como verificar procedimientos y elaborar reportes escolares. Este tiempo bien podría utilizarse en observación de clase o colaboración con colegas para retroalimentar su práctica directiva.

Poner la escuela al centro significa dejar de pensar qué reporte le sirve al burócrata y empezar a pensar cuál reporte le sirve a la escuela. Armando Fuentes Aguirre “Catón” ilustra de manera cómica esta situación: el señor Pérez llega a la oficina gubernamental con un oficio y le piden siete copias del mismo. Al cuestionar por qué se necesitan siete copias, el funcionario responde: “en caso que se pierda la sexta”. No convirtamos nuestras escuelas en centros administrativos y dejémosles el rol que les corresponde: ser comunidades de aprendizaje donde nuestros maestros, niños y niñas asisten a aprender.
¿Cuánto pueden las familias conocer acerca de los recursos que manejan sus escuelas?

En esta página es posible consultar la nómina de cada escuela pública. La página nos indica qué personas cobraron en cierta escuela, el monto y el periodo. Además, nos indica si dicho docente pertenece al programa de Carrera Magisterial y si tomó cursos de formación en el trimestre. Lamentablemente, este buen esfuerzo de transparentar la nómina se detuvo en 2013 con el cambio de administración federal.

El Sistema de Información y Gestión Educativa (SIGED) es un buen sistema de transparencia, pero con debilidades. En dicho sistema podemos observar el desempeño de la escuela en la prueba ENLACE, las condiciones de infraestructura, los Programas Federales de los que es beneficiaria y la nómina de docentes federalizados. Sin embargo, si un padre de familia quiere averiguar el presupuesto total de su centro escolar, dicho sitio no podrá decírselo. Si el centro escolar cuenta con docentes financiados con recurso estatal, la familia no podrá ver los salarios de dichos docentes, o su antigüedad en el servicio, o formación. Si deseamos que las familias participen activamente en los CEPS, debemos empoderarlos para hacerlo y acercarles información transparente de cómo funciona la escuela y qué pueden hacer ellos para apoyarla.

Hacia una escuela con autonomía     
Autonomía escolar para ejercer presupuesto

No poder ejercer el presupuesto de la escuela es la primer limitante para que la escuela no se desarrolle como desea. El Secretario de Educación, Aurelio Nuño, ha anunciado que en 2016 un nuevo modelo de escuela será implementado, centrado en la autonomía de gestión. Si dicho modelo busca darle más autonomía a las escuelas, debe empezar por asignar un presupuesto para la labor diaria de la escuela. Un primer paso sería generar un Fondo para Actividades Escolares el cual sea ejercido por la escuela para actividades y necesidades propias de la escuela. Hemos escuchado sobre la inversión que maestros y familias hacen de su bolsillo para realizar actividades escolares, ya sea crear periódicos murales, pintar bardas o asistir a museos. Asimismo, la compra de consumibles – papel de baño, artículos de limpieza, plumones y gis – se hace con dinero de los maestros y las familias. Crear un Fondo para Actividades Escolares ayudaría a enriquecer las actividades de los docentes y permitiría aplicarlo en lo que la escuela considere más pertinente y reduciría la dependencia que las escuelas tienen actualmente en cuotas voluntarias de las familias. El mensaje fundamental es: confiemos en nuestras comunidades escolares.
Depurar el listado de informes y reportes solicitados a la escuela

Para liberar de la carga administrativa que aflige a las escuelas de hoy, es necesario que la SEP analice, junto con las comunidades escolares, qué información y formatos son necesarios, cuáles pueden ser fusionados y cuáles no aportan información valiosa a la escuela para desecharlos. Sin perder de vista que hay información indispensable para efectos de rendición de cuentas, podemos pensar en alternativas para reportar dicha información de manera más sencilla (portales web que eviten papeleo), modificar la periodicidad y/o simplificar los reportes físicos. Para este ejercicio, es necesario escuchar a docentes y directivos, quienes son los que más sufren de tareas administrativas en su trabajo. Dicho ejercicio debe coordinarse con las Secretarías de Educación estatales para evitar que la información sea solicitada dos veces por vías diferentes.
Equipar el SIGED con información útil y actualizada para docentes y familias

El SIGED debe contar con una vista especial para docentes y familias. Dicho sistema debe contar con un glosario de términos que permita que cualquier ciudadano comprenda las palabras utilizadas en la Administración Pública, tales como “HSM”, “FONE”, “CCT”. Es imprescindible acercar la información a familias y docentes, que ésta sea amigable y útil, para que puedan participar informados y sepan de qué manera pueden apoyar en el aprendizaje de su hijo o hija.

Poner la escuela al centro debe dejar de ser un estribillo de discursos políticos. La escuela debe dejar de ser vista como el inmueble físico que ocupa o las aulas que tiene, y empezar a ser considerada la comunidad de personas que interactúan y aprenden en ella. Poner la escuela al centro es poner a nuestras niñas, niños y docentes primero.

 

 

* Pablo Velázquez es Investigador en Mexicanos Primero (@Mexicanos1o) info@mexicanosprimero.org.

 

 

[1] El Programa de Escuelas de Tiempo Completo contempla 37% del monto para Autonomía de Gestión; Programa de la Reforma Educativa contempla 15%; Programa Escuela Segura contempla 90%; Programa Escuelas de Calidad no asigna un monto máximo.

[2] PES, PETC, PRE.

[3] OCDE (2013). “Table 2.24 Web School autonomy by level of decision making”, disponible aquí.

[4] World Bank (2011). Percentaje of current education spending on salaries.


LA INFORMACIÓN CONTENIDA EN LAS NOTAS RECUPERADAS PARA ESTE ESPACIO, NO NECESARIAMENTE REPRESENTA LA POSTURA DE DOCENTES PRIMERO, PERO CREEMOS QUE ES IMPORTANTE PARA EL FOMENTO A LA PARTICIPACIÓN Y EL DEBATE. 

REDACCIÓN: DOCENTES PRIMERO

FUENTE: ANIMAL POLÍTICO

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