Relata una profesora su experiencia en la evaluación

EVALUACIÓN DOCENTE

FOTO: SEG

Señor director:

Mucho agradeceré la publicación de la presente para aclarar algunos puntos que sucedieron en la evaluación docente el pasado jueves y viernes, en Acapulco.

1.- En el tema de la reforma educativa hay muchas opiniones sobre los docentes evaluados, estos puntos de vista los podemos clasificar en dos: los que están a favor y lo que están en contra. Los primeros hablan de los “docentes responsables”, “comprometidos con mejorar la calidad educativa”. Luego están los que opinan lo contrario, que los profesores que asistimos somos unos “miedosos, vendidos, con poca dignidad”. Muchos de los que asistimos a la evaluación el 3 y 4 de diciembre, estamos justo en medio de estos frentes mediáticos, una posición de la que poco se habla, quizá, porque desde aquí se requieren más argumentos.

2.- Las autoridades trataron de hacer todo lo posible para que las etapas 2 y 3 del proceso de evaluación se realizaran a toda costa. Muestra de ello fue el gasto en los servicios de hospedaje y alimentación que se nos brindó, los cuales, vale la pena mencionar, la mayoría de los profesores no podemos costear en unas vacaciones familiares. Pero se les olvidó que el dinero no asegura el éxito, sino que es indispensable una buena organización. Cuando llegamos a preguntar sobre horarios y organización, no siempre sabían darnos respuesta. Terminaban diciendo: “Profesores, queremos que estén tranquilos y relajados para su examen”. No querían que tuviéramos ninguna preocupación. Pero eso fue imposible, el hecho de presentar una evaluación de la cual depende nuestra estabilidad laboral, no es algo que nos prodigue tranquilidad. A eso se le debe agregar el cansancio de hacer largas filas para todo, lo cual evidenció una pésima logística. El jueves hicimos tres filas, de entre media hora y una hora cada una; el día del examen muchos tuvimos que entrar casi a empujones, porque no se prepararon para el acceso ordenado de tantos docentes (no se disponía ni de un sonido para dar indicaciones), lo cual culminó o se reflejó en su punto máximo con la falta de equipos para todos y que empezara el llamado “boicot”, por el descontento de muchos compañeros de estar cumpliendo con asistir y en el último momento decirles, “pues te tienes que esperar”.

3.- En las mesas de recepción instaladas por la Secretaría de Educación siempre se recibió un trato sospechosamente cordial, aunque no siempre despejaron nuestras dudas. Sin embargo, en las filas para ingresar a la sede de la evaluación se percibió un trato autoritario y prepotente: nos gritaban (se supone que para escucharlos bien, pero solo aumentaba el ruido) “no pueden pasar nada, ni celulares, ni agua. Metan sus pertenencias en las bolsas” (nos proporcionaron bolsas de plástico). Indicaron que lo único que se podía ingresar eran medicinas. Todos seguimos las indicaciones. No estábamos en plan de discutir, pues era añadir más tensión a la que ya teníamos desde hace meses. Pero después del zafarrancho, todo cambió: el personal de la SEG fue extremadamente amable. Se notaba que la prioridad era culminar la evaluación a como diera lugar.

4.- El punto de inflexión fue la protesta. Unos docentes pedían que nos fuéramos, otros exigían respeto y la oportunidad para hacerlo, otros solicitaban tiempo para tomar una decisión y algunos más, tuvieron crisis nerviosas ante una posible riña masiva. Creo que todas las posturas son válidas, sin embargo, lo que sí llamó mucho mi atención, es que varios de los docentes que trataron de persuadirnos de abandonar el examen, volvieron a su lugar a terminarlo.

5.- Cada docente es un caso particular. Solo cada profesor sabe lo que tuvo que pasar para estar esos días en Acapulco. Reducir este hecho a “una bola de vendidos” es pecar de ingenuo. Permanecimos en el lugar, no por hacerle el caldo gordo al gobierno, sino porque tarde o temprano terminaremos frente a un monitor haciendo el examen (recordemos que la evaluación es ley). Si ya estábamos ahí, gastando tiempo y dinero, lo mejor para muchos era concluirla. Reprogramar otro viaje a Acapulco (la SEP y la SEG mantendrán su postura de centralización) no está en nuestras posibilidades. Me tocó ver a maestras llevar a sus bebés; otros docentes iban enfermos; algunos matrimonios de profesores, tuvieron que pagar para dejar a sus hijos encargados (incluso, hubo casos de gente que dejó a sus hijos enfermos). No se vale decir que nos quedamos para poder disfrutar de los impuestos en hoteles de lujo (hoteles que no solicitamos, pues desde un inicio, siempre exigimos la apertura de más sedes). De los 250 pesos que recibimos de viáticos (al menos en mi caso, que viajé desde Zihuatanejo), no cubren ni siquiera el taxi de la zona Diamante al centro de Acapulco. Hablar de un “trato de príncipes”, es desproporcionado.

6.- En el hotel, de manera sistemática, se nos despertó desde las 5:30 de la mañana (a otros compañeros los despertaron a las 4:30 am). Sonaba el teléfono de nuestra habitación, al levantar el auricular, nadie contestaba. Al poco rato, volvía a sonar. Era, me parece, una insistencia para no faltar.

7.- Después del altercado, cuando regresamos a presentar el examen, las restricciones se relajaron muchísimo, pero sin llegar a los extremos como se mencionó en algunos medios, de que nos dejaron copiar o de que nos ayudamos, incluso hubo gente que dijo que teníamos las claves. Eso es falso. Creo que cualquiera que haya presentado un examen, podrá imaginarse que una prueba de 154 preguntas con tiempo límite de cuatro horas (algo así como minuto y medio por reactivo) no te puedes dar el lujo de distraerte. Cada segundo es valioso, como para desperdiciarlo en otras lides.

8.- Para finalizar, un comentario para las autoridades del Instituto Nacional para la Evaluación Educativa (INEE). ¿Por qué hacer un examen tan cansado, estresante y largo, si con la mitad de reactivos es suficiente? Ahora bien, cuántos profesores en México y en todo el mundo, logran hacer y argumentar una planeación didáctica sin ningún referente a la mano. Es prácticamente imposible saberse de memoria las 500 páginas, solo del Programa de Estudios 2015 (en el que se basan las planeaciones). Además, es la propia SEP la que habla de que nuestro Programa debe estar a la mano para consultarlo las veces que sea necesario, puesto que una planeación no es una operación matemática, sino un documento que se modifica constantemente, incluso, que acepta la corrección y el replanteamiento.

Viridiana Sotelo Obregón
Profesora de Zihuatanejo

REDACCIÓN: DOCENTES PRIMERO

FUENTE: EL SUR DE ACAPULCO

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Un comentario en “Relata una profesora su experiencia en la evaluación

  1. Bien querida Viridiana.. me da gusto leer tu carta y más que sacaste la casta y has dado la cara por los docentes valientes atrevidos y seguros de si mismo..es dificil escribir desde una posición neutral y lo hiciste bastante bien,, las líneas son reales y objetivas y si costa grande siempre esta presente en los mejores eventos,.Zihuatanejo y la zona 091 contigo,, marchan a la vanguardia..Felicidades…

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